Capítulo 7

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Capítulo 7

Mensaje  Hikari el Miér Sep 09, 2009 3:11 pm

Capítulo7
Informes de un mundo perdido III





Inner y Atlas llegaron al salón donde había un enorme bullicio.
Estaban reunidos en corro unos veinte vampiros en torno a la intrusa insultándola y con ganas de pelea, sin embargo ella se mantenía firme e impasible ante sus palabras.
Vampiro1: Oh mira que chiquita tan bonita
Vampiro2: ¿A que vienes preciosa?
Vampiro3: ¿A jugar con nosotros? Ju ju ju
Parecía que iban a abalanzarse sobre ella cuando Atlas intervino.
Atlas: ¡Basta! ¿Qué es lo que ocurre?
Todos los vampiros que andaban rondando a la banshee se apartaron a regañadientes para dejar paso a Atlas. El se fijo más en su aspecto.
Era bastante joven…De apenas ciento cincuenta años, tenía un largo y verdoso pelo y una figura atlética, como cualquier banshee. Más había algo inusual en su figura, su piel era pálida en comparación con la de un humano pero muy rosada en comparación con las de su especie. Tenía unos enormes y preciosos ojos azulados bajo los cuales había cuatro cicatrices hechas según un antiguo ritual con un cuchillo al rojo vivo, símbolo propio de las banshees del lugar. Había algo en ella…Le rodeaba como…Un aura especial que Atlas no supo definir muy bien que era, pero desde luego no era malo. Comenzó pues a despertarse en su interior un creciente interés por la recién llegada.
Atlas: Vaya, vaya, vaya, de modo que las banshees vuelven a meter cizaña…
La joven apartó vista del suelo y miró a Atlas directamente a lo ojos sin variar la expresión de su rostro. Atlas respondió a esto con una leve sonrisa un tanto maliciosa mientras que caminaba hacia ella. Le fascinaba la fiereza y determinación que se reflejaba en su mirada ¿Estaría esa expresión relacionada con ese “aura”?
Atlas: ¿Cómo te llamas?
Musgo: Musgo, mi señor.
La banshee hizo una leve reverencia.
Atlas: modales no te faltan, eso es bueno en los tiempos que corren…
Atlas la observó de arriba abajo mientras que daba una vuelta en torno a ella.
Atlas: Y dime...Musgo… ¿qué es lo que te trae por aquí?
Musgo: Tengo un mensaje para vos, mi señor, es una citación de Utopía…
Atlas: Oh… ¿de veras?
Atlas se paró frente a ella. Musgo le tendió un pergamino amarillento. Efectivamente, Utopía, la soberana de las banshees, su archienemiga, le enviaba una “amistosa” invitación para tomar el te tranquilamente en medio del bosque que rodeaba su castillo, lo cual era terriblemente sospechoso.
Atlas: Interesante... ¿algo más?
Musgo: No mi señor.
Fue entonces cuando musgo miró con cierto nerviosismo hacia la multitud que les rodeaba.
Musgo: Quisiera retirarme, si usted me lo permite…
No, pensó Atlas para si pues seguía interesado en esa intrigante aura.
Atlas: Musgo ¿eh?...
Atlas hizo una mueca con aire de desagrado.
Atlas: es un nombre un tanto feo para una banshee ¿no crees?
Musgo: Lo se… ¿No cree que si tuviera un nombre más bonito no estaría en otro lugar en vez de arriesgando mi existencia para llegar a vos?
Atlas: es verdad, las banshees son muy selectivas con los miembros de su grupo según tengo entendido…
Musgo: A mi me desprecian en mi comunidad desde que nací…Tengo la piel de un tono demasiado similar al humano en lugar de ese color verde enfermizo…Me abandonaron cuando tenia muy corta edad en el bosque, pero como sobreviví a estar una semana allí a mi suerte y bueno… Esa es la única razón por la que me dejaron con vida.
Atlas: interesante…
Atlas se frotó la barbilla.Entonces miró hacia la multitud que les observaba ansiosos, esperando a que terminaran para despachar a la banshee.
Atlas: id tranquilos, ya me encargo yo de esto.
Inner miró severamente a Atlas en señal de que no iba a irse, sin embargo este le despidió como a todos los demás con un movimiento de cabeza señalando hacia la puerta.
Finalmente la gente que ocupaba el salón se fue medio a regañadientes y solo quedaron en él Atlas y la extraña.
Atlas se acercó entonces a la ventana y la abrió de par en par.
Atlas: ¿Te importa? Me gusta la brisa nocturna.
Musgo simplemente se miró sin articular palabra. Estaba así como agazapada, alerta, inquieta…Pero era lógico dado el lugar en el que se encontraba… Dejó pues la ventana abierta se acercó hacia una pequeña mesita situada en una esquina, donde se sirvió una copa de vino.
Atlas: ¿quieres?
Musgo: no, no bebo.
Atlas: Uhm…Vale.
Al menos no le había comido la lengua el gato. Atlas se sentó en uno de los sofás e invitó a la joven a sentarse en el que estaba frente a él.
Musgo: ¿Qué hace?
Atlas: Invitarte a que te sientes
Musgo: No entiendo.
Atlas: es simple, te colocas frente al sofá y te dejas caer de culo…
Musgo: No, no entiendo porqué me trata bien.
Atlas: No me has dado motivos para no hacerlo.
Atlas tomó un pequeño sorbo de vino.
Musgo: P-pero...Es como las familias de Romeo y Julieta, como el perro y el gato, nuestras razas son enemigas desde siempre, nos hemos matado mutuamente y…
Atlas: Y generalizar está mal.
Atlas acarició suavemente con yema de los dedos el borde de la copa.
Musgo: ¿eh?
Atlas: Cada ser es un individuo único e independiente, no veo pues razón alguna por la que deba juzgarte a ti por los actos de los demás.
Musgo: ¿y si soy como los demás?
Atlas: Ambos sabemos que no lo eres.
Musgo quiso decir algo, pero tras esa frase ninguna palabra salió de su boca. Atlas cruzó una mirada con la joven otra vez con una sonrisa pícara adornándole la cara. Parecía un poco confusa, pero sabía que el tenía razón. Nuevamente repitió su ofrecimiento y esta vez ella accedió a sentarse.
Atlas: Ahora hablemos
Atlas depositó la copa sobre la mesa cercana y se echó hacia adelante apoyando los codos sobre las rodilla y reposando la cabeza sobre las manos.
Musgo: ¿De qué?
Atlas: de ti.
Musgo tragó saliva y revolvió las manos con algo de nerviosismo.
Atlas: Dime…Musgo… ¿Qué es lo que buscas aquí?
Musgo: ¿Lo que busco?
Atlas: Es de noche, posiblemente todos están ya acostados y solo estamos tu y yo, solos junto a una puerta no bloqueada y una ventana abierta de par en par. Yo, soy inofensivo y lo sabes, si de verdad me tuvieras miedo o deseases escapar podrías haberlo hecho perfectamente ya que has cumplido tu misión como mensajera y no has causado problemas.
Musgo:…
Atlas: Por lo cual solo se me ocurre una razón por la que permaneces bajo el mismo techo que yo y solo hay una pregunta para obtener esa razón… ¿qué es lo que quieres?
La joven permaneció unos instantes en silencio. Tenía una expresión triste en el rostro.
Musgo: No se lo que quiero… Pero se lo que no quiero
Atlas: ¿El qué?
Musgo: No quiero volver
Atlas se sonrió.
Atlas: ¿Por qué?
Musgo: ¿Hará una pregunta a cada una de mis respuestas?
Atlas: es posible…Y puedes tutearme.
Musgo: No lo creo…
Atlas: Por favor, insisto…Me siento viejo cuando lo haces.
Musgo: Solo es un signo de respeto.
Atlas: Y como tal lo aprecio pero…Dejemos a un lado las formalidades y volvamos al tema, hace mucho que no tengo una conversación medianamente interesante con nadie…
Musgo: está bien
Atlas: Dime pues ¿Por qué no quieres volver?
Musgo: Por que me aburro de esa sociedad corrupta y porque estoy cansada de los malos tratos que he sufrido durante toda mi vida
Atlas: Uhm…Dos buenas y convincentes razones…Creo que serán suficientes como para que me permitan dejar que te quedes en este castillo.
Musgo: Bromea ¿verdad?
Musgo tenía en el rostro una expresión de sorpresa, no acababa de creerse lo que había dicho. Atlas la miró con una amplia sonrisa en el rostro. El siempre había tenido una mente curiosa a la que, por suerte o por desgracia, le gustaba saberlo todo y el hecho de descubrir algo inusual en algo o alguien le obligaba moralmente a investigarlo.
Atlas: En absoluto.
La banshee se quedó mirándole con la boca abierta. Por su aspecto Atlas dedujo que no se esperaba una respuesta como aquella por su parte.
Musgo: ¡Ni siquiera me conoce!
Eso no le detendría ni de lejos en su “investigación”
Atlas: Oh, vamos, admite que deseas vivir con un grupo social bien posicionado que te garantiza un lecho caliente todas la noches.
Musgo: Pero si apenas has hablado con migo ¿Cómo estás tan seguro de que soy de fiar?
Atlas: Porque al mirarte no he detectado ningún signo de maldad en tu interior.
Musgo:…
Atlas: Apostaría a que esta es la primera vez que te tratas con vampiros.
Musgo: Yo…Si, es más, estoy muerta de miedo.
Atlas: ¿Yo te doy miedo?
Musgo: no estoy segura…
Atlas: Dime… ¿qué te dijeron antes de venir aquí?
Musgo arqueó la ceja. Luego se puso la mano en la barbilla y se quedó con actitud pensativa.
Musgo: que tirara el pergamino hacia la puerta y que saliera huyendo…Porque de entregarlo personalmente no tendría la más mínima oportunidad de sobrevivir ya que erais unos seres violentos y sin escrúpulos que me descuartizarían viva sin remordimientos…
Atlas la miró con los ojos abiertos de par en par y cara de asombro
Atlas: Jod…pelines… Ni en las películas de terror de los humanos nos pintan así…Bueno…puede que en alguna sí… Pero dime, ¿somos tan terribles?
Musgo: Comparado con la descripción anterior parecéis todos unos "snobs" vestidos de etiqueta…
Atlas se miró las vestimentas y se recolocó la chaqueta.
Atlas: es posible, no te lo niego, a mi me gusta la seda y los zapatos italianos.
Musgo sonrió. Fue una disimulada y efímera sonrisa pero fue suficiente como para que Atlas supiera que ella ya se sentía más a gusto hablando con el.
Atlas: Dime, Musgo, solo por curiosidad ¿Tienes estudios?
Musgo: Eh…
La joven titubeó unos instantes antes de responder.
Musgo: Si... y no…
Atlas: Explícate
Musgo: Apenas se nada, pero puedo leer y también escribir
Atlas la miró con sorpresa. Ahora era cuando realmente comenzaba a interesarse por la chica.
Atlas: ¿y que tal las matemáticas?
Musgo: ¡Oh! Adoro el algebra, aunque solo sepa resolver las cuatro operaciones básicas…
Al hablar de ello un brillo especial inundaba su mirada.
Atlas: Maravilloso
Musgo: ¿Usted cree?
Atlas: De tu
Musgo: lo siento
Atlas: y si, lo creo ¿Dónde aprendiste todo eso?
Musgo bajó la cabeza y su mirada se entristeció.
Musgo: prefiero no responder
Atlas: está bien…
Musgo miró con melancolía hacia otro lado. El aura que la rodeaba se había vuelto más tenue tras su pregunta. Atlas cruzó los brazos tras la cabeza y se echó hacia atrás hasta que definitivamente decidió romper el hielo.
Atlas: Entonces pues ¿estás dispuesta a unirte a mi rebaño y a vivir pacíficamente en esta comunidad?
Continuó con la mirada perdida unos instantes, entonces su aura se restauró al mismo tiempo que alzaba la cabeza y le miraba con decisión.
Musgo: Si
Atlas: ¿Por qué?
Musgo: Porque no quiero volver al bosque…quiero cambiar de vida, de esta vida miserable que me consume…Porque quiero cambiar y ser feliz…
Atlas: Para renacer antes hay que morir y Musgo ha de desaparecer.
Musgo: ¿eh?
Musgo se agazapó en el sofá con pánico en los ojos.
Atlas: Me refiero a morir metafóricamente de modo que no me mires así. Lo primero será buscarle un nombre a ese nuevo personaje. El nombre define la personalidad y el carácter de modo que elige bien.
Atlas entonces se levantó y se aproximó a un escritorio situado junto a una inmensa estantería llena de libros con aspecto antiguo y delicado. Volvió a su sitio con un trozo de papel y una pluma.
Atlas: Quiero que escribas tu nuevo nombre, si eres tan amable.
Musgo cogió el papel con temor y puso la pluma en su mano izquierda. O es zurda o no sabe escribir, dijo para si Atlas, mas, tras permanecer absorta un instante garabateó delicadamente unas letras con excelente caligrafía sobre el papel. Letras que serían el comienzo de un cambio, letras en las que se leía:



Aura


Atlas permaneció unos instantes mirando la hoja de papel…Aura, Aura, Aura… Aura, Aurora….
Atlas suspiró
Aura: ¿Está bien?
Atlas se sonrió al ver la cara de la joven.
Atlas: Es un nombre muy bonito…Aura.
La banshee le devolvió la sonrisa.
Atlas: Ciertamente precioso…
Suspiró de nuevo, ahora no podía quitarse la imagen de Aurora de la cabeza….
Atlas: Bueno, siguiente es un cambio de aspecto… ¿Qué tal un corte de pelo?
Aura: ¿Mi pelo? NO
Atlas: ¿Por qué no?
Aura: Me ha llevado mucho tiempo que esté tan largo…
Atlas: No puedo ayudarte si no te dejas ayudar.
Aura:…
La banshee se cruzó de brazos con cierto enojo
Aura: De acuerdo, pero que quede bien
Atlas: te aseguro que tras esto serás la más bella flor de mi jardín.
Tras esa cursilada Atlas le tendió la mano para que ella la cogiese y le acompañase al cuarto de baño. Cogió una banqueta y un mantel y la sentó en el centro de la sala frente a un gran espejo que colgaba de la pared. Atlas acarició suavemente la sedosa y larga melena de la joven.
Aura: Esto me va a doler…
Atlas: Nah… Y si no te gusta te dejo que me mates
Aura: No creo que llegue a tanto.
Atlas tomo entonces unas bonitas tijeras de uno de los cajones de un mueble de aspecto antiguo. Miró la cara de Aura y tanteó el peinado que más le favorecería. Tras esto metió mano de la tijera hasta dejarle el pelo muy por encima de los hombros, lo cual hizo que ella gritase con horror al reflejarse en el espejo.
Atlas: Tranquilízate.
Aura: ¡me has cortado el pelo!
Atlas: No me negarás que el corte no es precioso
Atlas ahuecó un poco la melena para que soltara todos los pequeños e incómodos pelitos que podrían resguardarse en ella.
Aura: Si, pero me has cortado el pelo muy corto T_T
Atlas: quejita, estate quieta y déjame retocártelo.
Atlas cortó un poco más por la parte de atrás dejando una especie de corte triangular. Hay que admitir, que la peluquería era uno de sus pasatiempos, se aficionó a ella durante el tiempo que tuvo a thessla bajo su tutela... La niña no toleraba que nadie le tocara la cabeza y tuvo que remediarlo cortándole el pelo el mismo…
Aura: Estaba pensando…
Atlas: ¿En que?
Aura: ¿No se meterá usted…?
Atlas: de tu
Aura: TU… ¿en un lío por eso de meterme aquí y tal?
Atlas suspiró y se puso de cuclillas frente a ella.
Atlas: ¿Recuerdas a aquel tipo que se resistía a salir del salón antes?
Aura: ¿el de color…. verde?
Atlas: Si….Como habrás podido observar el claramente no es un vampiro… ¿No?
Aura asintió.
Atlas: Se llama Inner. Es amigo mío prácticamente desde que nací. Cuando aún era un crío perdió su casa, a su familia y a su pueblo…Solo le quedaban su hermano…Y yo… ¿Sabes que es?
Aura: Un… ¿Elfo?
Atlas: Bingo, un elfo de los bosques, de los pocos que quedan. Antaño ellos eran muy conflictivos, eran odiados por todos… ¿Sabes la revuelta que creó en esta comunidad el hecho de que Inner y su hermano entraran? Terrible….
Aura: ¿Y por que lo hiciste?
Atlas: Porque era mi mejor y único amigo, porque estaba solo y porque nadie tendría narices para amotinarse contra mi.
Aura hizo una leve mueca a modo de sonrisa burlona ante es último comentario.
Atlas: creo que ya…
Le revolvió un poco el pelo y dejó las tijeras sobre la mesa.
Atlas: Admite que no está mal.
Aura se miraba con estupefacción.
Aura: No parezco…Yo.
Atlas: De eso se trata.
Aura: No estás mal….Por un momento pensé que al final tendría que matarte.
Atlas: No sería la primera vez que lo intentan por un mal corte de pelo.
Aura le regaló una amplia y bonita sonrisa.
Atlas: Ya casi hemos creado a Aura, falta quitarte esas cicatrices bajo los ojos.
Aura: ¡No!
Atlas: ¿Por qué?
Aura: Porque soy banshee y me gusta ¿Acaso te arrancarías los colmillos?
Atlas: Sería difícil…Aunque me los arrancase mil veces volverían a crecer en cuestión de segundos….
Aura: Da igual, es un símbolo de mi raza y forma parte de mi ser, tanto del antiguo como del nuevo.
Atlas: De acuerdo, no te los quitaré. Dime pues quien eres.
Aura: ¿eh?
Atlas: si hombre, improvisa una historia…Dale un pasado y una vida a tu personaje.
Aura se incorporó, hizo una leve reverencia a modo de saludo y comenzó su discurso
Aura: Encantada de conocerle señor, soy Aura, una banshee perdida tiempo atrás que buscó y encontró amparo y protección bajo el yugo de esta comunidad de vampiros y que sirve fielmente a Atlas, su señor.
Atlas: Uhm… me gusta, se te da bien improvisar.
Aura: gracias.
Entonces Aura soltó un grande y sonoro bostezo.
Atlas: Hace sueño ¿eh?
Aura: Puede
Atlas sonrió con aire paternal.
Atlas: Permíteme pues mostrarte tu habitación provisional.
Atlas guió a la joven a través de los pasillos hasta la que era su habitación.
Aura: Que bonita.
Atlas: ¿Te gusta? Pues más te vale no desordenarme nada ¡eh!
Aura: ¿Es tu cuarto?
Atlas: Si
Aura se ruborizó.
Aura: Oh, no creo que deba dormir aquí…
Atlas: Tonterías, además me gustan mucho los sofás del salón.
Atlas ya iba a darse media vuelta y cerrar la puerta tras de si cuado Aura se giró hacia el.
Aura: gracias
Atlas: ¿Por qué?
Aura: Por todo, nadie antes había hecho nada por mí.
Atlas: No hay de que.
Y con una sonrisa cerró la puerta.

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La aristocracia se viste de terciopelo y llora lágrimas de color carmín en su campo de flores de papel

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