Capítulo 3

Ir abajo

Capítulo 3

Mensaje  Hikari el Miér Sep 09, 2009 3:03 pm

Capitulo 3
Informes de un mundo perdido




Atardecía.
La enorme bola de fuego rojiza iba bajando lentamente por el horizonte.
Un hombre trajeado y con sombrero paseaba por una playa desierta mientras que contemplaba el mar. Su precioso mar, antaño plateado ahora se veía verde y desolado. Era inhóspito para los peces, nadie se atrevía a bañarse ya en aquellas aguas que habían sido siempre tan claras y apacibles.
Se sentó y acarició suavemente la arena con tristeza.
Ya no era…Su preciosa playa.
El hombre se incorporó de nuevo a cabo de unos minutos y se encaminó hacia el enorme castillo que se divisaba en el horizonte, castillo cuya majestuosidad ahora solo podía verse en la memoria de unos pocos afortunados.
Ando pues por el camino hacia el castillo. Un camino que surcaba un inmenso campo. Oh, si. el lo recordaba perfectamente...Las hierbas altas que llegaban hasta donde ya no alcazaba la vista, una pradera color oro salpicada con pequeños toques de color de algunas flores y de los árboles, unos enormes y fuertes árboles de madera negra y hojas color sangre...Pero ya de eso apenas quedaba nada. Toda la vegetación estaba mustia y seca. Muerta, como el mundo en si.
Entró en el castillo y avanzó por los pasillos de mármol. Sus pasos resonaban en toda la estancia. La reconstrucción de ese lugar había progresado mucho desde la última vez que estuvo allí aunque no se hallaba completamente satisfecho. La mayoría de los preciosos tapices habían desaparecido, al igual que las alfombras y muchos objetos de decoración. Sin embargo lo que el más añoraba eran esas cortinas blancas moradas lilas y doradas que adornaban cada ventana, cada balcón…Con mariposas bordadas escapándose de ellas…
Entonces un poco más delante de donde el estaba, frente a una gran puesta había un hombre solitario apoyado en la pared y mirando hacia la puerta. Su pelo corto, azul y plateado, combinaba perfectamente con sus ojos grises como una nube de tormenta. Su indumentaria era de diseño un tanto recargado. Estaba constituida por una chaleco largo, una camiseta y nos pantalones, y cada una de sus prendas representaba una parte de un paisaje.
¿Cuál era su nombre? Le recordaba de algo ¿De qué? ¿Era uno de los cinco? ¡Claro! ¡Dónde! Llevaba años sin verle…
Dónde: Atlas, hermano mío.
Atlas: me alegro de verte ¿Han empezado ya la reunión?
Dónde: Si, esos cerdos hipócritas…
Atlas: tranquilo, yo me encargo de controlar sus insolentes actos…Por cierto ¿Te importaría llamar al quinto de tus hermanos? Tengo ciertos problemillas con mi nave últimamente y…
Dónde: ¿Pero? Descuida, el siempre está interesado en ayudar…Sobre todo si se trata de maquinaria.
Atlas: Gracias.
Entonces unos acelerados pasos sobre el mármol resonaron por la estancia. Altas reconoció a este hombre antes que al anterior. Era rubio Con el pelo corto pero con un largo flequillo que le tapaba media cara la cual era tan pálida como la leche. Pero lo que le delató fueron sus ropas negras y extravagantes y su tatuaje alrededor del ojo derecho. Por qué…Otro de los cinco hermanos. Desde luego este era en un principio es más desagradable de todos, aunque cuando le conoces de verdad te das cuenta de que su aspecto y su aparente personalidad fría y distante era en realidad una barrera para ocultar su sensibilidad.
El hombre les alcanzó, entonces paró su carrera y se apoyó sobre sus rodillas.
Por qué: ¿H-Han…. Empezado….ya… la…la…?
Dónde: Tranquilo hermano, respira.
Por qué: quería llegar a tiempo…Uf…Que desastre
El hombre se incorporó y se frotó sus labios de un color azul pálido, casi blancos, teniendo cuidado de no llevarse por delante sus piercings.
Atlas: Bueno, si ya llegabas tarde no tiene sentido hacerte una maratón para llegar hasta aquí.
Por qué: Al contrario que a ti a mi me gusta ser puntual…
Los ojos de Por qué se posaron sobre los de Atlas. Sus ojos eran casi iguales, de color azul eléctrico solo que los de Atlas quizá eran más claros.
Por qué siempre había tenido un poco de envida de Atlas pero en secreto, le daba demasiada vergüenza mostrar signos visibles de ello. Atlas siempre estaba majestuoso y elegante, no importaba en la situación en la que se encontrase, llegara tarde, pronto, estuviera enfadado, contento, triste o apunto de morir…Atlas siempre tenía ese talante tan especial que hacía que en su interior ardieran deseos de ser como el. A veces se avergonzaba de que su orgullo no le dejara llamarle maestro como los demás hacían a menudo.
Atlas: Hacía tiempo que no venía por aquí…
Dónde: No se porqué sigues viviendo en ese raquítico sitio, tu lugar está aquí, con el resto de la gente de…
Atlas: “Au contraire mon ami”… Mi lugar está donde más me necesitan
Por qué: ¿Por qué no les dejáis ese espacio y os venís aquí?
Atlas: ¡JA! ¿Y dejar que las banshees se apoderen de NUESTRO territorio original? Antes muerto… A cada especie se nos asignó un lugar para vivir y YO no pienso tolerar que nos quieten ese lugar.
Donde: ¡Pero esto está vacío! ¡Necesitamos gente! ¿Y si ocurre algo?
Atlas: Tsk ese no es mi problema, lo es de esa chusma que se ha agenciado el castillo como hogar…Bastardos.
Por qué: Deberías controlar tu lengua hermano, como te oigan…
Atlas: lo se, bastante tensas están ya las cosas aquí como para liarlas más.
Un silbido de oyó por el fondo del pasillo. Acercándose tranquilamente venía un hombre vestido con un mono arremangado de color azul marino. Tenía la piel un tanto más morena que los otros tres y manchada con lo que parecía ser aceite de motor. Pelo encrespado y anaranjado con una coletilla adornada con cuentas de colores y alejado de la cara con unas gafas a modo de diadema. Sus ojos eran de un brillante color azul celeste aunque hoy estaban un poco apagados.
Atlas: me alegro de verte, Pero.
Pero: Hola, holita.
Atlas. Tengo que pedirte un favor, es sobre mi nave…
Pero: ¡Oh! ¿Enserio? Entonces seguro que puedo ayudarte
Atlas: Hay un problema al…
Pero: Deja, deja, deja, mejor lo adivino sobre la marcha y así tengo excusa para pegarle un repaso a esa preciosidad.
Atlas se encogió de hombros.
Atlas: Como quieras.
Pero: Justo lo que quería oír
Pero se despidió con la mano y salió corriendo si ni siquiera escuchar donde estaba la nave…Bueno, donde siempre. No sería difícil de encontrar, pensó Atlas.
Por qué: Si vas a entrar en la asamblea creo que deberías de hacerlo antes de que acaben
Atlas: no sería mala idea.
Por qué ¿Vas a volver a ponerte en contra de todo el pueblo?
Atlas: Si
Por qué: ¿Por qué?
Atlas se encogió de hombros
Atlas: Porque es lo que hay que hacer para meter en cintura a esos hipócritas y…Porque me gusta el riesgo =3
Por qué: ya ¬¬…
Atlas: ¿Acaso tú no vienes?
Por qué: No. Tampoco es que tuviera un excesivo interés en entrar, solo quería enterarme de lo que iban a hablar esta vez…Ya sabes que yo no tengo ni voz ni voto en estos asuntos.
Atlas: Si lo tienes, cualquiera lo tiene, pero son idiotas.
Por qué:…
Atlas: En fin…Seguiré tu consejo de entrar en ese gallinero cuanto antes, hasta la próxima.
Dicho esto y tras una exagerada reverencia se despidieron y Atlas se aproximó hacia la enorme puerta. Respiró hondo y la abrió, dispuesto a encontrarse cualquier locura.
En cuanto abrió las puertas toda la sala se quedó en silencio. Cientos de representantes de las diversas razas de ese mundo se quedaron mirando al hombre trajeado que acababa de hacer acto de presencia.
Zaynah: Llevábamos mucho tiempo esperándote…Atlas
Atlas sintió un cosquilleo en el estomago al tener la fría mirada de Zaynah sobre el. Esos ojos traicioneros y fríos…
Altas: Perdón por el retraso pero más vale tarde que nunca.
Zaynah: Por supuesto.
El hombre avanzó hacia su asiento habitual con la cabeza bien alta mientras que cientos de voces susurraban a sus espaldas. Atlas entonces se dirigió hacia la persona sentada junto al el entre susurros.
Atlas: Es un placer volver a verte Cuándo.
Cuándo: Lo mismo digo compañero.
Este le dedicó a Atlas una amistosa sonrisa mientras que le estrechaba la mano. Su largo y lacio pelo morado caía sobre sus hombros y su espalda como un suave manto de terciopelo. Tras esto, sus ojos, rojos como la sangre, volvieron a mirar hacia la persona que presidía en esos momentos la reunión.
Zaynah: Bien…Volviendo al tema sobre la monarquía en este mundo…
Atlas suspiró. Hubiera sido mejor hacer lo mismo que los otros…Quedarse fuera. El hombre se puso tenso aunque como siempre lo disimuló sin problemas. ¿Otra vez la misma historia? ¿Tendría que ponerse en contra de todos otra vez?
Atlas: creía que ya habíamos abordado ese tema…
La brusca interrupción de Atlas trastocó a Zaynah la cual le dedicó una gélida mirada asesina.
Zaynah: Al parecer no. Lo otros miembros del consejo no se mostraron muy…como decirlo…Complacidos con tus repuestas…
Zaynah dijo eso regodeándose en sus palabras.
Atlas: Mis respuestas serán las mismas que las de la otra vez. No pienso cambiar de opinión.
El murmullo de las voces volvió mientras que Atlas se sentía cada vez más incómodo.
El murmullo rápidamente acabó cuando alguien se puso en pie solicitando el permiso para hablar.
Zaynah: Tiene la palabra el representante de los hombres pez
Hombres pez… Estúpida, dijo para si Atlas. El sabía que ellos odiaban que les llamaran así.
Un ser situado al fondo de la sala carraspeó su garganta en tono de disgusto. Donovan, antiguo compañero de Atlas… ¿Se habría levantado para apoyar sus ideas o las del resto del consejo? Un extraño nerviosismo surgió en su interior y rogó a los dioses para que no se pusiera en su contra.
Donovan: Este tema, como ya ha dicho Atlas, quedó hablado y zanjado en la última reunión ¿Para qué nos hacen venir a perder el tiempo?
Una minoría de voces se alzó apoyando al “hombre pez” mientras que el resto hacía lo contrario.
Atlas decidió entonces tomar cartas en el asunto. Se incorporó. Al instante toda la muchedumbre se quedó en silencio. Atlas alzó los brazos hacia la gente que presidía la asamblea.
Atlas: ¿Cual es el propósito de esta reunión? ¿Crear caos, miedo e inseguridad entre las distintas razas? Por no hablar de los múltiples conflictos que se pueden provocar…El tema se zanjó hace tiempo, mientras que la autentica aristocracia no muera el trono le pertenece por derecho.
La muchedumbre entonces se alzó en su contra como una ola devastadora sobre un castillo de arena.
Entonces la potencia de las voces disminuyó un poco, alguien estaba hablando. Era un tal Erwing. Atlas le odiaba, a él y a los de su calaña….Despreciables ratas rastreras que siempre se arrimaban al sol que más calienta y que se movían de bando por interés. Por suerte o por desgracia a Atlas solo le llegó la mitas de lo que estaba diciendo, pero eso fue suficiente para crisparle los nervios.
Erwing: …Además ¿La aristocracia está aquí ahora? ¿Se interesa por nosotros? ¡Nah! ¡A esos bastardos les importamos una mierda!
Atlas se quedó petrificado sin acabar de dar crédito a sus oídos ¿Había oído de veras lo que había oído?
Erwing: A esa zorra de mierda, a esa Thessla le importamos un caraj…
No le dio tiempo a terminar. Atlas desapareció de su puesto para reaparecer en un segundo al lado de Erwing. El hombre tenía las alas desplegadas, sus ojos ahora rojos e inyectados en sangre, perforaban los de Erwing. Atlas le miró fríamente, apretando con fuerza los dientes, dejando ver sus intimidadores colmillos que rondaban el cuello del ahora asustado representante de aquella raza miserable.
Atlas: Atrévete a repetirlo, Erwing ¡ATRÉVETE!
Zaynah: ¡ATLAS! ¡YA ES SUFICIENTE!
Erwing: No tienes narices para…
Atlas sacó entonces un puñal de su chaqueta y acarició con ella el cuello de su victima.
Atlas: Nunca hables así de la familia real…
Zaynah: ¡¡¡ATLAS!!!
Atlas se le quedó mirando unos instantes antes de recuperar la compostura.
Atlas: Lo siento de veras, ha sido… Un pequeño ataque emocional.
Erwing: ¡Este hombre es inestable! ¡Es un peligro p…!
La cara sumida en las sombras y los brillantes ojos nuevamente rojos del vampiro le silenciaron.
Atlas: No tientes más tu suerte por hoy, Erwing. Puede que acabe cortándote la lengua para que dejes de…
Zaynah: ¡Atlas! ¡Vuelve a tu sitio!
El hombre se giró hacia ella y con un tono insolente dijo.
Atlas: Como desees querida mía. Me vuelvo a mi sitio, al lugar que me corresponde, donde está mi familia y mi hogar y no una panda de hipócritas que se creen dioses y no son nada.
Atlas se dispuso a abandonar la sala abrió la puerta y entonces se giró para decir unas últimas palabras.
Atlas: Ojala que os maten.
Dicho esto la puesta se cerró tras el de un portazo. Al otro lado comenzó a formarse un gran revuelo, Atlas podía oírlo.
Donde: ¡Hey! Pero si apenas llevas un cuarto de hora dentro ¿Qué ha pasado?
Atlas: problemas, problemas, muchos problemas.
Entonces Atlas reparó en un tercer hombre junto a Dónde y Por qué, era Cómo, un hombre de pelo negro y ojos marrón miel que solía ir descamisado por la vida, con una bufanda y un enorme abrigo. También llevaba la mitad de los dos brazos vendados aunque no se sabe el por qué…
Cómo: ¿De qué tipo?
Atlas: Es complicado…
Atlas se masajeó las sienes ante la triste mirada de los otros tres. Si el se veía tan afectado era por que las cosas habían llegado a un punto crítico.
Zaynah: ¡Atlas!
El hombre se sobresaltó al verla a sus espaldas
Atlas: ¿Que?
Los tres hermanos retrocedieron un poco ante el tono de en fado con el que Atlas dijo esa palabra. Ante esto Zaynah suavizó su tono de voz.
Zaynah: Tendrías la amabilidad de acompañarme a mi despacho.
Atlas no dijo palabra alguna, tan solo la siguió de mala gana.
Atravesaron un par de pasillos hasta llegar a una puerta de madera lujosamente adornada. Entraron en la sala. Atlas ya conocía esa habitación. Esa antaño era una de las múltiples habitaciones de invitados, ahora era el despacho de Zaynah.
Zaynah: ¿te apetece una copa?
Atlas: Me serviré yo mismo.
Atlas sin dudar cogió la botella de cristal y prescindió del vaso.
Zaynah: Como quiera... Toma asiento por favor.
Ella le ofreció sentarse en una butaca color carmín de tacto aterciopelado. Cuando los dos se acomodaron Zaynah comenzó a hablar.
Zaynah: me gustaría hablar contigo íntimamente sobre el tema que emos avordado antes si no te importa.
Atlas: Me importa
Zaynah: Por favor.
Atlas: Como quieras pero al igual que como he dicho antes…Mis respuestas serán las mismas que las de la otra vez. No pienso cambiar de opinión.
Zaynah: Pero… Alguien ha de controlar todo esto ya. Atlas, los conflictos entre las distintas razas han aumentado al no haber fronteras reales para separar cada territorio. Ya nos amenazan hasta a nosotros. Atlas…Tengo miedo de que…
Atlas: Normal que os amenacen. ¿Quiénes sois vosotros para habitar en este castillo?
Zaynah: ¿Eh?
Atlas: ¿Quién os dio permiso para hacerlo? ¿Eh? Vuestro lugar está bien definido, al igual que el mío y el de mi raza. Este castillo está reservado apara la aristocracia.
Zaynah: Pero atlas. Ya no hay aristocracia.
Atlas: en ese caso y por ley es a mí a quien le toca gobernar este lugar ¿No?
La mujer enmudeció.
Atlas. Sin embargo… ¿Tu me has visto alguna vez intentar de alguna forma llegar al poder? No. Mi sitio no es gobernar. No si hay miembos de la realeza vivos.
Zaynah: Esa idiota no quiere tener nada que ver con este mundo
Atlas: LO SE ¿VALE? YO MISMO FUI EL QUE TE LO COMUNICÓ.
Zaynah:…
Atlas: lo siento. Es que… Dios…Yo estaba ahí delante y ella…
El hombre golpeó con frustración la pared.
Atlas: Si tan solo fuera un poco más como su madre… ¿Sabes? Yo sabía desde el principio que esto pasaría. Lo supe justo en el momento en el que entro en el salón del trono. Esa chica… destino no quería que ella estuviera capacitada para reinar…
Zaynah: Por cierto…Tres de mis chicos, hace poco…
Atlas: Ah…Si…Yo les envié allí.
Atlas dijo esto con orgullo mientras que se arreglaba la chaqueta
Zaynah: ¿En qué demonios estavas pensando para enviarles a ese castillo solo para procurar que “a la niñita segundona” no le pasara nada? ¿Eh?
Atlas le dedicó entonces una sonrisa tan amplia como despiadada.
Atlas: Primero, si no quieres que se repita el numerito de Erwing contigo no me provoques y segundo…
Atlas perdió su mirada en la inmensidad de alguna aparte durante unos instantes, luego regresó a la tierra para proseguir su frase.
Atlas: Porque el ochenta por ciento de mis esperanzas están en ella.
Zaynah: ni siquiera a ti Thessla te inspira confianza. Que revelador.
Atlas: Espero tener la oportunidad de conocer personalmente a la “niñita segundona” en un futuro no muy lejano…
Zaynah: ¿Qué pretendes?
Atlas: Ya lo verás.
Zaynah: Volviendo al lo de antes…
Atlas: démosle tiempo al tiempo. Repitamos esta conversación en un año. Para entonces espero poder contactar con ella.
Zaynah: ¿Y si en un año las cosas no van a mejor? ¿Y si…?
Atlas: Apáñatelas como puedas, al igual que yo lo hago…Para eso te has autoproclamado líder ¿No?
El hombre se dio la vuelta y se aproximo hacia la puerta.
Zaynah: ¿Altas, a donde vas?
Atlas: A cuidar de los míos… No solo hay enfrentamientos aquí ¿sabes? En la otra mitad las banshees… Bueno… Adiós.
Zaynah: Atlas
El hombre se giró hacia ella
Atlas: ¿Si?
Zaynah: Si la aristocracia vuelve a este lugar… ¿Crees que todo será como antes?
Atlas: No…Será mejor.
Dicho esto el hombre se puso su sombrero y con un gesto con la mano a modo de despedida abandonó la estancia.

_________________




La aristocracia se viste de terciopelo y llora lágrimas de color carmín en su campo de flores de papel

MIS FALTAS DE JORTOGRAFÍA SON SAGRADAS!!!XD
avatar
Hikari
Admin

Cantidad de envíos : 231
Localización : En mi campo de flores de papel...
Fecha de inscripción : 16/02/2009

Ver perfil de usuario http://elcaminoporrecorrer.forosactivos.net

Volver arriba Ir abajo

Volver arriba

- Temas similares

 
Permisos de este foro:
No puedes responder a temas en este foro.