Capítulo 32

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Capítulo 32

Mensaje  Hikari el Dom Mayo 23, 2010 2:44 am

Capítulo 32
La oveja negra de Monterosso


Atlas: ¡Erwing corre!
Pero Erwing no se movió,
Atlas: ¿Erwing?
Erwing se giró sonriendo a medias, con los brazos cruzados sobre su traje de corte oriental, con telas de color rojo y negro que le bajaban desde los hombros a la cintura, donde quedaban sujetas por un ornamentado cinto. Los pantalones, de color negro, que le caían bombachos sobre unas sencillas sandalias de madera. Atlas se estremeció al darse cuenta de la situación.
Atlas: No… ¡tú! ¿Eres tú el que ha organizado esto?
Erwing: Eso es correcto señor.
Atlas: ¿Por qué?
Erwing: Porque estoy cansado, cansado de ser la oveja negra, condenado a la marginación, al odio… No me gusta, no soporto que otras razas me consideren inferior, no soporto tener que mover cielo y tierra para conseguir un lugar en ese jodido consejo vuestro…
Zaynah: ¡Sois una minoría! Inner y Galimatías también lo son y…
Erwing: ¡Cierra la boca zorra!
Zaynah se estremeció.
Atlas: Erwing…
Atlas dio un paso hacia él.
Atlas: Erwing vamos a hablar, creo que…Creo que no te estás dando cuenta de la gravedad de lo que estás haciendo.
Erwing: ¿Ah, no?
Atlas: Erwing, puedes destruirlo todo, destruir todo el mundo.
Erwing: Si, lo sé, pero no sufras por ello vampirito, posiblemente no vivas para verlo.
Un escalofrío le recorrió el cuerpo cuando los ojos rojos se clavaron sobre los de Atlas. Ese nuevo color….
Atlas: ¿Erwing, qué es lo que has hecho?
Erwing volvió a sonreír, dejando ver una fila de afilados dientes.
Erwing: Antes de mostrarte eso y del placer personal de eliminarte tengo un pequeño caprichito…
Erwing entonces se movió a una velocidad superior a la que la vista de Atlas era capaz de percibir y se colocó junto a Zaynah. Cuando se giró, Erwing la había levantado del suelo con una sola mano, agarrándola por el cuello.
Atlas: ¡Suéltala!
Erwing: ¡Después de esto!
Erwing entonces estiró su brazo derecho y le atravesó el pecho de punta a punta antes de lanzarla como un pelele. Atlas saltó y cogió a Zaynah antes de que golpeara el suelo
Atlas: Zaynah…
Ella le miró, sonrió y con una mano temblorosa le acarició la cara. Tras esto la mano cayó de golpe y ella expiró.
Las mariposas bordadas en su vestido se descosieron, alzando el vuelo, y con ellas se fue el cuerpo de Zaynah, revoloteando en una nube de mariposas purpúreas hacia un encapotado cielo gris.
Atlas: Inner, saca a todos de aquí.
Inner le miró durante unos instantes. El ambiente era tenso, la atmósfera que rodeaba a Atlas era asfixiante, como si el oxígeno se volviera denso y líquido.
Inner: Vale.
Aura: ¡Pero tú solo corres peligro!
Aura ya iba a protestar de nuevo cuando Inner le cerró la boca y se la cargó al hombro mientras que tiraba de Utopía.
Inner: El peligro lo corremos nosotros si nos quedamos ahí.
Susurró cuando ya casi estaban apunto de alcanzar la salida del salón.
Erwing: Eh, eh, eh, no tan deprisa piernas largas.
Entonces, sin realizar ni sello ni conjuro ni nada, Erwing les lanzó una potente llamarada que salió de su garganta sin quemarle la boca.
Utopía: ¡Cuidado!
Atlas saltó y le pateó la cara a Erwing desviando levemente la trayectoria de la llamarada, pero no lo suficiente. Aura se soltó del agarre de Inner y, cerrando los ojos y extendiendo las manos hacia delante comenzó a irradiar frío de su cuerpo. Frente a ella, el aire comenzó a helarse, y se formó una gruesa barrera de frío que extinguió las llamas.
Inner: ¡Ahora! ¡Vamos!
Inner agarró de nuevo a Aura y huyó de la sala.
Erwing se levantó del suelo y se sujetó la mandíbula.
Erwing: Con que… ese es el poder de los zapatos Italianos ¿Eh?
Atlas no respondió. Tenía la cabeza agachada y la cara sumida en las sombras con esa agobiante aura creciendo a su alrededor.
Las baldosas se mármol del suelo comenzaron a agrietarse bajo sus pies. Atlas alzó lentamente la cabeza dejando ver sus ojos carmesí.
Atlas: Te mataré.
Erwing: Te estoy esperando.
Atlas apretó los dientes y se abalanzó sobre Erwing asestándole un potente puñetazo en la mejilla derecha seguido por otro en la izquierda. No iba a perdonarle, no después de lo de Zaynah. Erwing le paró los puños al vampiro y sonrió pese a que su nariz y su labio estaban sangrando.
Erwing: Te veo muy dolido, Atlas. ¿Cuál era tu relación con la chica de las mariposas? ¿Acaso erais amantes o algo?
Atlas se enfureció aún más. Le pegó un cabezazo a Erwing y acto seguido le pateó el estómago dejándole encorvado.
Atlas: Te arrancaré la lengua y después te mataré.
Erwing alzó la mirada hacia su oponente con aire burlesco.
Erwing: Que violento eres, chupasangre.
Atlas le hundió el pie en la cara tumbándole en el suelo. Fue a repetir el mismo movimiento para destrozarle el pecho pero Erwing le agarró del pie e intentó fallidamente tirarle al suelo.
El mestizo, teniendo a Atlas aún cogido por el pie, llenó su pecho de aire y expiró lanzando una potente llamarada de un color rojo intenso. Atlas soltó un desgarrador aullido de dolor cuando el remolino de llamas le alcanzó y le envolvió. Tras unos breves instantes Erwing se incorporó del suelo y sacó pecho con aire triunfal.
Erwing: Jaque.
Atlas: De eso nada.
La masa de llamas se disolvió de golpe en medio de una fuerte ráfaga de aire. Atlas apareció de entre aquel remolino de aire y fuego arrodillado en el suelo,con su gélida mirada fija en el mestizo. El blanquecino pelo de Atlas caía sobre sus hombros. La goma que sujetaba su coleta se había roto, dejando suelto su larga y lacia melena.
Atlas: Te hará falta algo más que una hoguera para acabar conmigo.
El vampiro dijo esto mientras que podía en pie y se quitaba la chaqueta, la cual estaba completamente chamuscada. Adiós a su preciosa joya…. Sin embargo su pérdida le había salvado de abrasarse entero. Los daños más graves los había recibido su brazo derecho, con el cual se cubrió en un primer momento. Le ardía el antebrazo. Su pálida piel estaba roja, y la quemadura le palpitaba.
Atlas: No soy ignífugo…
Atlas se remangó con cuidado lo que quedaba de la manga derecha de su camisa sin apartar la vista de su adversario.
Atlas: Por eso te destruiré antes de que tengas tentaciones de quemarme.
Erwing: ¿De veras? ¿Y que harás? ¿Morderme con tus colmillitos?
Erwing estalló en una potente carcajada.
Atlas se limitó a sonreír. El hecho de que hiciera esto por primera vez en el combate alarmó a Erwing.
Atlas: Hijo, yo me eduqué en la vieja escuela, cuando había que enfrentarse a todo
Erwing hizo un gesto con indiferencia y avanzó hacia el vampiro. En ese momento, y casi matando a Erwing, unos enormes cristales de hielo salieron del suelo y envolvieron a Atlas.
Atlas: Y cuando nos enseñaban de todo.
Erwing miró con rabia a la borrosa silueta que se escondía tras las paredes de hielo. El mestizo soltó una llamarada pero apenas tuvo efecto alguno sobre la barrera de Atlas. Entonces se envolvió los puños en llamas y comenzó a golpear con fuerza los cristales, lo cual parecía ser más efectivo.
Atlas se llevó la mano a la quemadura. Hacía mucho que no sentía al fuego sobre su piel y esta nueva toma de contacto no le había sentado nada bien. El frescor de las paredes que lo rodeaban le aliviaba, pero muy poco. Entonces una idea le vino a la mente, tenía que combatir el fuego con fuego.
Atlas metió la mano en el interior de su camisa y sacó el relicario que llevaba colgado del cuello. Era de plata, con forma de estrella y una gema roja en le medio. Se trataba de una joya familiar, era un contenedor que le permitía guardar una pequeña cantidad de sangre, pero esta siempre estaba fresca y calida, como recién extraída del cuerpo. Atlas lo destapó y bebió ávidamente su escaso contenido. Necesitaría algo de ayuda si quería acabar pronto con esto.
Lentamente la muralla que les separaba se iba resquebrajando, pero Atlas ya esperaba a Erwing sonriente y conteniendo el aliento.
Erwing aumentó la intensidad de las llamas en sus manos, iba a destrozarle la cara al chupasangre. Finalmente le asestó un golpe certero a la pared, derrumbándola.
Erwing: ¡Te tengo!
Sin embargo y para su sorpresa, una enorme llamarada azul le impactó en la cara y le hizo aterrizar unos metros más allá.
Atlas: Sorpresa zorra
Las llamas azules bailaban entre los finos dedos del vampiro.
Erwing: Tú... Tú... ¿Cómo?
Erwing retrocedió en el suelo.
¿Cuántas magias era capaz de hacer el vampiro? Y lo más importante ¿Cuál era la máxima potencia de cada una de ellas?
Una columna de llamas envolvió sin previo aviso a Erwing, el cual empezó a gritar en agonía mientras que las llamas rozaban su piel.
Atlas: Menuda chufa de dragón.
Con un brusco movimiento de su mano Atlas apagó el remolino de llamas dejando ver el maltrecho cuerpo de Erwing lleno de quemaduras. El tocado con aire oriental que recogía la inmensa melena del mestizo se había desecho y su pelo negro como el ébano le ocultaba la cara casi por completo.
Atlas: ¿Te rindes?
Erwing: Nunca.
Dijo esto con voz ronca mientras que hacía un esfuerzo sobrehumano para no volver a aullar de dolor. Erwing consiguió medio incorporarse mientras que el vampiro se aproximaba hacia él.
Atlas: Entonces estate quietecito.
Lleno de rabia quiso golpear a Atlas, pero este le dejó en el sitio encerrándole en un bloque de hielo…
Atlas: Vaya Erwing, ¿Qué pasa? Te has quedado un poco HELADO.
Atlas comenzó a reírse de su propio chiste, pero se encorvó al poco tiempo por sus quemaduras. Estaba cansado y herido. Había gastado la sangre que acababa de tomar para poder realizar las magias en lugar de para curarse.
Suspiró y miró hacia la estática silueta que se vislumbraba tras el hielo.
Atlas: Erwing…
Tocó la pared de hielo que lo contenía con el ceño fruncido pero con un tono calmado.
Atlas: ¿Por qué lo has hecho?
Tras zanjar el problema de Erwing aún tenía que ayudar a los suyos. Parte de la oscuridad aún seguía latente fuera donde de estaba librando una encarnizada batalla. Atlas podía oírlo. Se asomó a uno de los enormes balcones medio destruidos. No muy lejos, cerca de la puerta principal del castillo, pudo distinguir a Cómo disparando con un bazooka. Entonces la enorme mole de color negro se agitó violentamente y se movió de nuevo hacia el castillo, envolviendo las paredes y enredándose en las torres. Eran como pequeños tentáculos que avanzaban con rapidez hacia el lugar en el que se encontraba. Atlas ya iba a saltar hacia el jardín cuando un ruidito le hizo girar la cabeza hacia el centro del salón.
El bloque de hielo estaba resquebrajándose.

Inner cubrió con sus brazos a Aura para protegerla de los escombros que saltaron del último disparo realizado por Cómo.
Aura: Inner, vamos a morir como no salgamos de aquí. Vámonos con Utopía y los demás, no tiene sentido seguir aquí. Ni siquiera tenernos armas.
Inner: Tenemos que estar por aquí, Atlas nos necesita.
Aura: Atlas te dijo que nos sacaras a todos de allí.
Inner: Si.
Aura: Entonces no nos necesita. ¡Larguémonos!
Inner: Escucha…
Dijo Inner mientras que cogía un escombro del suelo y lo partía en la cabeza de un sincorazón. Justo cuando iba a continuar la frase el eminente Daray, el líder de los dragones, se presentó ante él y Aura. Este hizo un brusco movimiento con el brazo y al instante todos los sincorazón que los rodeaban se prendieron en llamas.
Daray: Esto ha llegado demasiado lejos. Dile a Atlas que se detenga, Erwing es cosa de los dragones, nosotros le detendremos.
Inner: No, esto va más allá de los errores que cada raza cometiera en el pasado. Es su batalla, es lo que ambos llevaban esperando desde hacía mucho tiempo. Está en juego el honor y el orgullo de ambos y quien mejor que un dragón para entender el significado de eso ¿verdad? Además, Erwing es un mestizo, no está sometido al código de los dragones.
Daray permaneció unos instantes mirando a Inner con el ceños fruncido, pero finalmente asintió.
Daray: No obstante, si por alguna razón Erwing manifestara su naturaleza de dragón de forma más… Visible, pasaría a estar bajo nuestras leyes y dejaría de ser “cosa de tu amiguito”.
El dragón dijo esto mientras que se alejaba de Inner a la vez que apartaba los carbonizados cuerpos de sincorazón de su camino.
Inner miró hacia el castillo. La masa de oscuridad iba comiéndole terreno a la deteriorada fachada e iba penetrando en el interior del castillo.
Inner: Atlas, sea lo que sea que estás haciendo…Mas te vale darte prisa.

Atlas reforzó la capa de hielo, pero fue inútil. Por todas las rendijas de las paredes de la sala comenzaron a colarse esos tentáculos de oscuridad que había visto antes. Rápidamente llegaron hasta Erwing y se deslizaron por las grietas del hielo. Atlas vio con repugnancia como esa sustancia viscosa y negra envolvía a su oponente y se metía dentro de él por su boca. Atlas se giró para vomitar, con la respiración agitada. Su estómago no era la suficientemente fuerte como para soportar eso.
El flujo de oscuridad finalmente disminuyó. El bloque de hielo tembló y Erwing se liberó de su cárcel desplegando un par de enormes alas membranosas, típicas de un auténtico dragón, y con todas sus heridas regeneradas. La parte de arriba del traje de Erwing cayó al suelo hecha harapos.
Atlas se quedó horrorizado ante la escena. Los rasgos de Erwing se habían vuelto más toscos, su constitución más musculosa, su piel más oscura y sus ojos más siniestramente brillantes. Al vampiro se le puso la carne de gallina cuando sus ojos, ahora amarillentos, le miraron con desdén, reduciendo las esperanzas de Atlas de que aún conservaran algún rasgo “humano” a cero.
Erwing entonces se movió de nuevo a una velocidad sobrehumana, desapareciendo y reapareciendo al lado de Atlas. Antes de que este pudiera reaccionar el mestizo le pegó una patada en el costado izquierdo que le hizo rodar varios metros por el suelo.
Erwing: Knock-knock Atlas
Atlas: Hijo de…
Atlas intentó recuperar su ritmo normal de respiración mientras que se sujetaba el costado. Estaba seguro, por el dolor, de que ese golpe le había costado alguna que otra costilla. Erwing tomó todo el aire que pudo hinchando su enorme pecho.
Atlas: Joder.
Justo antes de se atacado Atlas saltó por el balcón más cercano, quedándose agarrado al bordillo con una mano para no caer al vacío mientras que se sujetaba el costado herido con la otra. Entonces una columna de llamas invadió el lugar en el que antes había estado Atlas.
Atlas: Joder, joder, joder…
Cuando el torrente de llamas s disipó Atlas intentó volver a su situación inicial trepando por lo que quedaba de la barandilla del balcón, pero ya le estaba esperando. Erwing le pateó la cara y le desprendió las manos de la barandilla, lanzando al vampiro a una caída libre desde una altura considerable.
Erwing: Saluda a la zorra de Zaynah de mi parte.
Atlas pensó rápidamente en todas sus posibilidades. Preferiría abstenerse a ello pero al final optó por la opción más fácil. Atlas se deshizo de los jirones que quedaba sin chamuscar de su camisa y a escasos metros del suelo, desplegó sus alas de vampiro, alzando el vuelo hasta volver a encontrarse a la altura del balcón.
La sonrisa que se había formado en la cara de Erwing al verle caer se disipó. Había olvidado el hecho de que la sanguijuela podía volar.
Erwing: ¿Es que nunca te mueres?
Atlas: Después de ti, bastardo.
Erwing: Lo único que consigues con esto es retrasar tu inevitable muerte. Tu destino y el de este mundo están sellados, vampirito ¡Ríndete!
Atlas entonces cerró los puños con fuerza y apretó los dientes, alzó la cabeza hacia el cielo y con todo el aire se sus pulmones gritó.
Atlas: ¡Este es mi mundo! ¡MI MUNDO!
El vampiro acto seguid miró a Erwing el cual sonreía ante su reacción. Atlas puso sus alas en posición horizontal y desde el aire dio vueltas sobre si mismo, abalanzándose sobre Erwing.
Atlas: Y no dejaré que lo destruyas…
Este puso el cuerpo en posición defensiva, preparado para recibir el impacto. Sin embargo no fue el golpe del peso de Atlas lo que le hizo doblarse de dolor. Toda la superficie del borde de las alas del vampiro era cortante.
Atlas sonreía complacido al ver que sus alas estaban manchadas de la sangre del mestizo. Con ellas había atravesado su gruesa piel realizándole un profundo corte a la altura del estómago que sangraba abundantemente. Alas hizo un brusco movimiento sacudiéndose la sangre de las alas mientras que Erwing luchaba por mantenerse erguido. El vampiro saltó y le hundió ambos pies en la cara tumbándole en el suelo. Acto seguido se posó sobre la herida sangrante.
Atlas: Escuece ¿verdad?
Erwing: Hijo de p…
Erwing intentó partirle las piernas de un puñetazo, pero Atlas se movió más rápido y, saltando grácilmente, esquivó el ataque y le perforó el hombro con su ala derecha antes de que pudiera terminar la frase.
Atlas: Vuelve a insultar a mi madre y…
Atlas hizo un brusco movimiento hacia arriba con el ala, atravesándole la carne y casi seccionándole el brazo. Erwing soltó un alarido de dolor al ver como sobresalía el hueso de su brazo de entre la carne. Erwing estaba pálido, Atlas no supo definir si era por el dolor o por la terrible hemorragia. El mestizó miró a Atlas lleno de ira. Y profiriendo otro grito agarró de un tobillo a Atlas y lo lanzó hacia la pared. Atlas extendió las alas justo antes de estamparse contra el duro mármol, deteniéndose en el aire al instante. Erwing, milagrosamente, se incorporó. Llevaba el brazo herido colgando y el otro sobre la herida del estómago mientras que se tambaleaba.
Erwing: Voy a hacerte pagar esto…
Atlas rió, se tomó esta afirmación como imposible y simplemente lo consideró como la última amenaza de su adversario antes de expirar. Pero se equivocaba. De repente unos hilos negros, de la misma sustancia oscura que había envuelto previamente a Erwing, se arrastraron por el suelo hasta él y treparon por sus piernas hasta llegar a las heridas abiertas. En ese momento la sustancia se fundió con su cuerpo y unos hilos de piel salieron de los bordes de las heridas, entrelazándose, cosiendo la carne y cicatrizando las heridas.
Erwing: ¿Te gusta mi nuevo poder?
Atlas: ¡Eres monstruoso Erwing!
Erwing parecía volver a estar regenerado de nuevo, parecía incluso haberse recuperado de la enorme pérdida de sangre que había tenido. Su piel era medio escamosa y tenía el aspecto de ser mucho más dura que antes.
Atlas volvía a sentir esa desagradable sensación en el estómago a la que precedía el vómito. Los dos se hallaban ahora frente a frente, en medio del salón de baile semidestruido por la pelea. Se miraron el uno al otro fijamente a los ojos, intentando descifrar cual sería el próximo movimiento de su oponente. Reinaba el silencio, solo roto por la batalla que se libraba fuera. Era la calma antes de la tempestad. Todas las posibles opciones de ataque pasaban a una velocidad vertiginosa por la cabeza del vampiro. Pese a todo prefería que Erwing diera el primer paso, su instinto se lo decía. Erwing se lanzó hacia Atlas a gran velocidad, con las alas desplegadas, casi planeando sobre el suelo. Atlas apenas pudo esquivas la embestida. El vampiro se giró con rapidez y le agarró del pie, frenándoles. Erwing batió con fuerza sus alas en un intento de liberarse. El mestizo miró hacia atrás para ver la maliciosa sonrisa de Atlas. Este dio un par de vueltas sobre si mismo antes de lanzar a Erwing contra una pared que daba al jardín. Erwing salió por los aires como un pelele hacia el jardín atravesando la pared. Atlas voló rápido como una centella hacia él. El vampiro lo golpeó con el codo en la espalda y lo lanzó unos cuantos metros hacia abajo. Erwing se recuperó sorprendentemente rápido de los golpes y alzó el vuelo hacia Atlas. Este también voló alto, lo más rápido que pudo y cuando alcanzó una altura considerable comenzó a lanzarle cuchillas de hielo a Erwing. El mestizo consiguió esquivar algunas con torpes maniobras, pero gran parte de los pequeños y afilados trozos de hielo le hirieron a lo largo del cuerpo. Atlas sonrió. En el aire el era el más rápido. Erwing, pese a ser medio dragón, acababa de recibir sus alas…Ni siquiera se explicaba como había podido alzar el vuelo a la primera, pero lo que estaba claro era que su punto flaco estaba en las maniobras en el aire. Mientras que Atlas volvía a dirigirse hacia el castillo, Erwing hinchó el pecho y le escupió una serie de bolitas de fuego cual ametralladora. Atlas sintió el peligro y, al contrario que su adversario, consiguió evadir todos los proyectiles con facilidad. Atlas paró, se giró hacia Erwing y le hizo burla sacándole le lengua. El mestizo enfureció y cuando iba a abalanzarse sobre él, un enorme bloque de hielo le golpeó desde arriba en la cabeza. Atlas sonrió y volvió a trazar con su vuelo una trayectoria en zigzag hacia el castillo. Al vampiro, cometiendo el error de confiarse demasiado, bajó la guardia. Erwing aprovechó eso para lanzarle una llamarada. Atlas consiguió evadirla, pero no evadió la embestida de Erwing que le hizo entrar de nuevo en el salón de baile a través de la pared. Atlas se quedó en el suelo boca arriba. El golpe en la espalda le había destrozado, a parte de eso sentía como un líquido caliente le resbalaba por la nuca. Intentó incorporarse pero no pudo. Por un momento llegó a pensar que incluso se había quedado tetrapléjico. Erwing aterrizó a su lado mirándole con una sonrisa. Entonces le pateó el estómago e hizo doblarse a Atlas.
Erwing: ¿Qué pasa vampirito? ¿Es que ya no te quedan fuerzas?
Erwing le pegó en la espalda con fuerza.
Erwing: ¿esto es a lo máximo que llega el gran Atlas?
Esta vez puso el pie sobre la mejilla derecha del vampiro, aplastándole la cara contra el suelo
Erwing: ¿No dices nada vampirito?
Erwing se agachó hacia Atlas, aumentando la fuerza con la que le pisaba.
Erwing: ¿Te ha comido la lengua el gato?
Atlas apretó los dientes. Los escombros del suelo se le clavaban en las mejillas mojadas de sangre. El vampiro bufó e intentó arañarle la cara con las manos, pero Erwing se agarró el brazo y, tumbándole boca abajo, se lo retorció tras la espalda. Atlas intentó liberarse, pero el peso de Erwing era demasiado para él en ese estado. Miró por el rabillo del ojo a su adversario. Las heridas que le había hecho antes ya se habían regenerado por completo. Atlas se desesperanzó, quiso tirar la toalla. La fuerza de Erwing era ahora muy superior a la suya. Sentía que la lucha era desigual para su desgracia. Había sido imprudente gastando mucha energía en las magias y ahora le pasaba factura.
Solo le quedaba una, sería su última oportunidad en la vida para destruirle.
Atlas notaba el aliento de Erwing en su cuello mientras que le retorcía aún más el brazo. Erwing le susurró al oído.
Erwing: Si te arrodillas ante mí ahora prometo darte una muerte rápida, vampirito.
Atlas gruñó, pero esperó paciente, aún no podía moverse.
Erwing: Admítelo, estás en las últimas, tus fuerzas merman mientras que las mías aumentan.
Atlas consiguió poner en funcionamiento su sistema circulatorio, regenerando las heridas más graves, asegurándose de no malgastar su última oportunidad. Se sintió mareado tras gastar parte de su sangre en la regeneración, pero confiaba en sus posibilidades de subsanar ese déficit pronto.
Erwing: Mi poder es ilimitado…
Atlas: Pude que lo sea, pero tu inteligencia y tu destreza no.
Erwing: ¿y eso por qué vampirito?
Atlas: Te estás distrayendo
Atlas agarró del brazo a Erwing tras zafarse de su agarre y lo lanzó por los aires, haciéndole aterrizar con la espalda sobre los restos de una columna. El vampiro le agarró del cuello poniéndose encima de el. Entonces, sin mediar palabra, sacó sus blancos y afilados colmillos y los hundió n el cuello de su víctima. Erwing soltó un alarido de dolor capaz de destrozarle los tímpanos a un humano. Forcejeaba por liberarse de Atlas, pero este le agarraba firmemente con sus nuevas fuerzas y le empujaba con el peso de su cuerpo contra la piedra. Atlas tenía que desangrarlo, tenía que drenarle toda la sangre del cuerpo, aunque eso le costara la vida. Sin embargo, apenas le había quitado poco más de litro y medio cuando Erwing consiguió agarrarle de la coleta y catapultó al vampiro unos metros más atrás, con tanta fuerza que casi le arrancó la cabeza. Atlas se quedó tumbado en el suelo, quieto. Erwing se tambaleaba mareado, apoyado en los restos de la columna. Miró a Atlas, seguía inmóvil en el suelo. El tirón debería haberle partido el cuello, o por lo menos, dejarlo inconsciente al golpearse de ese modo contra el suelo.
Erwing permaneció en silencio, intentando apreciar la respiración del vampiro, los latidos de su corazón o cualquier señal de vida. Pero no había nada.
Al principio pensó que dada su condición de vampiro podría disimular eso, pero luego desechó la idea. Pese a su naturaleza, Atlas estaba vivo, no pertenecía a las filas de los no muertos.
Erwing sonrió. Había acabado, había ganado. Él había derrotado al gran Atlas. El mestizo ya iba a celebrar su victoria cuando paró en seco. El vampiro había recogido los brazos y se apoyaba en ellos haciendo un amago de incorporarse.
Erwing: No…
Atlas se quedó de rodillas en el suelo, con la cabeza gacha y tambaleándose, pero vivo.
Erwing: No me lo creo.
Los huesos de Atlas parecieron descoyuntarse. Toda su estructura ósea empezó a crujir y a recolocarse.
Atlas: Si… ya me siento mejor
El cuerpo del vampiro dejó de crujir y este alzó la cabeza. Erwing retrocedió cuando los ojos del Atlas se clavaron en los suyos. El color era distinto, eran tan rojos y brillantes como la sangre recién derramada. Llevaba toda la vida viendo sus ojos carmesí, pero esta era la primera vez que lo hacía mientras que la cara de su enemigo estaba en sombras y se dibujaba una amplia sonrisa oscura, enseñando unos afilados y blancos dientes manchados de sangre. De su sangre.
Erwing examinó el cuerpo de Atlas. Su pecho desnudo, antes lleno de heridas, estaba intacto, a excepción de tres cicatrices que ya había previamente en su estómago. Todas las heridas y magulladuras habían desaparecido de su cuerpo, al igual que los daños internos y los huesos rotos.
El mestizo estaba aterrorizado, se sintió pequeño y débil, aunque sabía que no lo era, y mucho menos ahora. Pero el ver a Atlas así, recuperando esa mítica aura que siempre le rodeaba, le inspiraba miedo, mucho miedo, al igual que sus ojos rojos.
Atlas se relamió los labios y se limpió la sangre de la cara. Ahora su lucha era contra reloj. Erwing sonrió con una mueca ente mofa y repugnancia.
Erwing: Así que esta es tu verdadera naturaleza…Eres monstruoso.
Atlas se incorporó. Tenía todos los músculos y las venas marcadas. Parecía que la aorta le iba a estallar en cuanto se le acelerara el pulso. Las baldosas volvían a quebrarse a su paso mientra que avanzaba lentamente hacia Erwing. El mestizo quiso volver a hacer el primer movimiento, pero Atlas se movió a gran velocidad, destrozando todo a su paso. Entonces agarró a Erwing por el cuello y le silbó entre dientes, enseñándole los colmillos. Lo levantó y cogiendo impulso, lo estampó contra el suelo, rompiendo las baldosas de mármol con su espalda. Erwing hinchó su pecho con aire de nuevo para volver a intentar calcinar al vampiro, pero Atlas se movió tan rápido como la sangre que corría por sus venas y le pegó un puñetazo en la mejilla, desviando la dirección de las llamas lo justo para zafarse del ataque. Cuando Erwing se giró hacia donde estaba el vampiro ese había desaparecido. Erwing se incorporó de un salto, sus heridas se regeneraban a la vez que se crujía el cuello y la espalda.
Erwing: ¿Dónde estás vampirito? ¿Por qué te escondes?
Erwing agudizó el oído para intentar captar al vampiro. El encapotado cielo de afuera a penas permitía que hubiera algo de luz en la estancia. Ignoraba la hora que era, pero parecía que la única luz sólo podía aportarla la lucha que se libraba en el exterior del castillo.
Atlas estaba colgado boca abajo en el techo, envuelto entre sus alas, reduciendo sus signos vitales al mínimo. Tenía los ojos cerrados, no necesitaba abrirlos en ese estado. Su oído ahora funcionaba como un sónar, al igual que los murciélagos. Atlas esperó a que Erwing bajara la guardia y se pusiera de espaldas a él.
Entonces Atlas salió disparado de entre las sombras hacia el mestizo. Necesitaba saber a que distancia podía detectarle. Justo tres metros antes de alcanzarle, Erwing se giró de golpe sorprendido. Los nudillos del mestizo de estamparon contra la cara de Atlas. Este salió disparado dando vueltas en el aire.
Pero justo cuando parecía que iba a chocarse contra la pared más cercana, simplemente se posó sobre ella cual hombre-araña.
Tenía la nariz con muy mal especto y chorreando sangre, pero sin embargo el vampiro sonreía. Se había dejado golpear para descubrir su límite y no solo eso, también se había desecho de algo de sangre.
Atlas saltó hacia la oscuridad de nuevo. Erwing arqueó la ceja. Algo no le cuadraba en todo aquello.
Tras recomponerse la nariz Atlas salió desde su posición y comenzó a correr entre las sombras por lo que quedaba de las paredes recorriendo toda la estancia.
Entonces cientos de agujas de hielo salieron disparadas hacia Erwing desde todas partes. El mestizo se envolvió en un acto reflejo con sus alas, protegiéndose del ataque.
Erwing: ¡Cobarde! ¡Deja de vacilarme y muéstrate maldito!
Tres nuevas estalactitas de hielo fueron lanzadas hacia Erwing, pero esta vez el mestizo desvió el ataque de un manotazo.
Erwing: ¡No me jodas!
El mestizo frunció el ceño con furia. El ambiente comenzó a caldearse. El cuerpo de Erwing se iluminó con un aura rojiza. Entonces una especie de onda expansiva flamígera salió e Erwing. Atlas saltó detrás de una columna justo a tiempo. Las llamas derritieron en cuestión de segundos todos los cachitos de hielo desperdigados por la sala. Erwing intentó distinguir entre las llamas la silueta del vampiro.
Atlas se encontraba agazapado. Había una columna de llamas que le separaba de su oponente. El vampiro empezó a sentirse muy mal, su consumo exagerado de sangre comenzaba a pasarle factura. Atlas se incorporó rápidamente y saltó hacia las llamas. Erwing entonces lo vio abalanzarse sobre él. Atlas volvió a morderle, esta vez en el hombro. El mestizo le pegó un puñetazo en el estómago e intentó quitárselo de encima, pero el vampiro estaba agarrado tan fuertemente que se llevó parte de la piel del mestizo con él. Erwing volvía a sangrar y Atlas se lamía los dedos. Si era necesario de desollaría vivo. El vampiro se abalanzó otra vez sobre él, Erwing volvió a prepararse para una nueva mordedura, sin embargo el vampiro cambió en el último momento de táctica y, cogiendo a su oponente del brazo, le lanzó contra la columna más cercana, resquebrajándola. Erwing se quedó a los pies de la columna semiinconsciente, intentando recomponerse, pero Atlas no iba a darle cuartelillo. Cogió una de las enormes lámparas de araña de las que antes colgaban hermosas del techo y que ahora yacía destrozada en el suelo y, tras dar dos vueltas sobre sí mismo la lanzó hacia la columna, destrozándola. Erwing quiso reaccionar, pero era tarde. Parte del techo que sujetaba la columna se le cayó encima junto con los restos de esta.
Atlas entonces sintió nauseas de nuevo y, cayendo de rodillas al suelo, expulsó una sustancia viscosa y oscura.
Se le acababa el tiempo, el exceso de sangre que había tomado y toda la sangre que había quemado le estaban envenenando. Erwing dio un signo de recuperar la conciencia Atlas se incorporó mientras que le temblaban las rodillas. El mestizo intentaba salir de entre los escombros. Atlas corrió hacia la montaña de escombros desde donde se encontraba, hundió su puño en ella y saco a Erwing amarrándole del cuello.
Erwing miraba a Atlas sonriendo mientras que el vampiro se llevaba la otra mano a la boca y unos hilitos de sangre negruzca se escapaban entre sus dedos
Erwing: Vaya, vampirito, no te queda mucho ¿eh?
Dijo Erwing con vos ahogada. Atlas se inclinó y soltó a Erwing para agarrarse el estómago. Este se incorporó y se lanzó sobre altas con el puño alzado.
Atlas entonces puso el filo de sus alas sobre los hombros de Erwing como si fueran un par de guadañas, y le seccionó los dos brazos. Acto seguido le pegó una patada en el pecho y le tiró al suelo. Erwing se retorció agonizante en el suelo mientras sangraba. El vampiro puso el extremo de su ala derecha sobre el cuello de Erwing.
Atlas: Aún me queda tiempo para acabar contigo…
Erwing clavó sus ojos sobre él. Una terrible sonrisa se dibujó en su rostro mientras que Atlas alzaba el ala para cercenarle la cabeza.
Erwing: No lo creo.
Una fuerza invisible golpeó al vampiro en el pecho y lo catapultó a varios metros más allá.
Cuando volvió a mirar hacia Erwing, este re reía frenéticamente. El reguero de sangre que habían dejado las heridas por los cortes en los brazos, estaba regresando al cuerpo junto con las extremidades amputadas. Erwing entonces se envolvió en una especie de capullo de oscuridad que iba creciendo poco a poco.
Atlas: Oh, mierda.
Atlas alzó el vuelo y salió disparados del castillo por uno de los boquetes de la pared. Segundos después el techo de la sala se hundía y un enorme dragón de piel rojiza emergía de entre los escombros.
Atlas voló todo lo rápido que pudo en cuando vio que el dragón le perseguía, pero fue inútil. Su aparato circulatorio empezaba a fallar, las arterias de su cuerpo reventaban por el exceso de sangre, sus pulmones se encharcaron y su cuerpo no le respondía. Erwing le dio alcance rápidamente y envolvió al vampiro en llamas antes de lanzarlo de un coletazo contra los restos del castillo.
Atlas se quedó incrustado contra la pared escupiendo grandes cantidades de sangre mientras que las llamas que lo envolvían comenzaban a extinguirse. Vio ente siluetas difuminadas como cuatro dragones se abalanzaban sobre Erwing y conseguían reducirle. El vampiro había fracasado, había sido incapaz de derrotarle. Ahora solo le quedaba una última cosa por hacer. Tomo aire con sus maltrechos pulmones y utilizó sus últimas fuerzas para gritar.
Atlas: ¡INNER!
Y entonces expiró.

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