Capítulo 22

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Capítulo 22

Mensaje  Hikari el Mar Feb 16, 2010 8:09 pm

Capítulo 22
Al paraíso





Pasé por delante de la cafetería y miré vagamente el interior a través de la cristalera. Dex no estaba dentro, por lo cual llegaba tarde. Maldito momento en el que le di mi teléfono móvil. Esa mañana la canción de The ghost of Stephen Foster de Squirrel Nut Zippers procedente de mi móvil me había despertado a las cuatro y media de la mañana. Y así llegué a esta situación, a estar esperándole bajo un sol abrasador. Me acerqué a la parada de autobús, en la cual habíamos quedado, situada frente a la cafetería. Repasé las líneas de los autobuses que allí paraban intentado averiguar nuestro destino en ese viaje, ya que Dex decía que era una “sorpresa”. Finalmente tomé asiento a la sombra del techo de la parada. A mi lado, de pie había un grupo de chismosas mujeres cotorreando y riéndose con unas desagradables carcajadas. Un niño con un patinete que estaba cogido del brazo de su madre me miraba con malicia. Me limité a sacarle la lengua y a ignorar al chaval. Me incorporé y me acerqué al borde de la acera, mirando en ambas direcciones. Dex solía ser puntual. Entonces un fuerte dolor en el tobillo me hizo mirar hacia abajo mientras que daba saltitos en el sitio agarrándome la pierna. El maldito patinete del niño era el causante de mi dolor. Él para excusarse dijo que se le había escapado, algo que era totalmente falso a juzgar por la sonrisa de su rostro. Quise meterle al niño el monopatín por el recto, pero su madre, acompañada de un molesto perro de esos que son como ratas con mucho pelo, comenzó a bufarme diciéndome que qué hacía con su hijo. Quise tirar a madre e hijo a la mitad de la carretera de una patada, pero en su lugar simplemente dejé el molesto monopatín en un contenedor de basura ante su atónita mirada e ignoré los gritos de la mujer y los ladridos del perro. Fue tras esto cuando llegó Dex. Llevaba sus enormes gafas negras colgadas del cuello de la camiseta, sus múltiples pulseras de pinchos y su collar, unos vaqueros y una camiseta con la cara de Masacre bajo la cual se leía “CHIMICHANGA!”. Dex pasó por delante de la mujer como si nada y se quedó entre ella y yo.
Dex: Hola preciosa, que radiante estás hoy.
Hikari: ¿Preciosa? ¿Qué hay de lo de princesa?
Dex: Ambos empiezan por “pr”…
La mujer al ver que era terriblemente ignorada soltó un par de blasfemias y se giró hacia sus amigas para comentar sus hazañas con una adolescente rebelde.
Dex: Por cierto, bien hecho.
Hikari: ¿El qué?
Dex: Lo de la tabla de skate, ya verás como no vuelve a putear a nadie.
Sonreí y me senté de nuevo en el banquito que había en la parada de autobús. El niño, su madre y sus compañeras se habían desplazado hacia las mesas de la terraza de la cafetería, zona desde la cual el sucio “perro-patada” nos vigilaba con el cuerpo en tensión.
Dex: Bueno ¿A dónde quieres ir?
Hikari: ¿No eras tú el que decía que hoy planeaba el día?
Dex: Si, no se me ha olvidado, era solo por saber si tenías alguna preferencia.
Hikari: Pues no se, hay mucho de esta cuidad que no conozco.
Dex: Estupendo. Te haré un tour completo por las zonas que frecuentamos nosotros.
Por alguna razón esa idea me daba miedo. Giré la cabeza hacia la terraza y vi como el perro se acercaba temeroso hacia nuestra posición. Dex, que estaba de pie frente a mí, era ahora la víctima de los ladridos del chucho. Dex miró al animalillo con aire torvo justo antes de pegarle una patada, no lo suficiente fuerte como para hacer un verdadero daño al animal pero si para espantarlo. Me quedé con la boca abierta. La mujer volvió con el chucho en brazos gritándole a Dex obscenidades y amenazando con llamar a la policía. Lo que paso ahora fue extraño. Dex miró a la señora, y juro que el color del iris de sus ojos cuando la miró era rojo, un rojo brillante como la sangre. Ella cerró la boca y se encogió un poco.
Dex. Si usted no fuera tan sumamente inútil e incompetente y tuviera a sus bestias controladas yo no tendría que partirles el cuello, de gracias de que aún no lo haya hecho.
Se me heló la sangre en las venas. No fue lo que dijo, al fin y al cabo, cualquiera podría hacer dicho esa amenaza y no tener el mismo efecto. Peo su voz… Era fría, gélida. La mujer tras esto salió casi corriendo de mi campo de visión. Me entró un escalofrío cuando Dex se sentó junto a mí. Dex escudriñó con detenimiento la expresión de mi cara antes de volver a hablar.
Dex: Espero no haberte asustado.
Le miré a los ojos, expresaban cierto miedo y preocupación ante una respuesta positiva. Le sonreí sin contestar, el hizo lo mismo. Entonces pegué un respingo al ver como sus ojos cambiaban ahora de un gris azulado al verde intenso de siempre.
Dex: ¿Qué pasa?
Hikari: No nada…
Seguía mirando atentamente a sus ojos. Dex tenía ahora la vista perdida en los coches que pasaban frente a nosotros, ahora sus ojos eran de un color no tan intenso, un verde mezclado con marrón.
Dex: Mirar fijamente es de mala educación.
Hikari: Mira quien habla.
Ahora eran otra vez verdes, mientras que sonreía. Dex apartó la vista de mí y arrugó levemente el entrecejo mientras que miraba a la parte de la acera situada tras de mí. Me giré para ver como un gato negro corría hacia nosotros. El gatito pasó frente a la parada y subió a un árbol al lado de esta para quedarse cómodamente sentado en una rama. Segundos después llegó un joven pálido como la leche, de cabellos de un rubio muy clarito que vestía de negro en plan “visual”. Se puso frente al árbol, bajo la rama en la que se encontraba el minino e intentó hacerlo bajar mientras que trataba de alcanzarlo. Entonces al gatito saltó ágilmente de la rama y corrió hasta mi regazo.
Dex: Por favor, ahora hasta los gatos tienen más suerte contigo que yo.
Hikari: Tampoco te pases que ya nos conocíamos ¿Verdad Efebo?
El gatito maulló a modo de aprobación.
Chico: Con que ya os conocíais… No serás tú la chica con la que se escapa por ahí ¿verdad?
Hikari: Bueno, mi nombre es Hikari y no se si soy yo la persona a la que se refiere.
Chico: Por qué
Hikari: ¿Por qué? Pues porque…
Chico: No, no…
Dijo el chico riéndose.
Por qué: Mi nombre es Por qué.
Hikari: Oh
Por qué: Si, mis padres eran muy graciosos…
Entonces Efebo maulló de nuevo en mi regazo mientras que le acariciaba el lomo.
Porqué: Supongo que quiere que te de las gracias, por haber cuidado de él cuando se escapaba de casa y eso.
Hikari: De nada, es tan cuco…
El joven se acercó a mí, pero Dex se puso en medio estrechándole la mano con fuerza y fulminándole con la mirada.
Dex: Yo soy Dex, encantado.
Por qué frunció el ceño y estudió a Dex con la mirada, entornando los ojos. Entonces sonrió con malicia y le devolvió el apretón a Dex.
Por qué: Oh, encantado de conoceros… A los dos, Dex.
Dex entonces le miró con odio, con los ojos entornados y el ceño bien fruncido. El iris de Dex había vuelto a tomar ese color carmesí de antes.
Por qué: Ponte las gafitas majo, que supongo que para algo las llevas.
Las venas de cuello se le marcaron a Dex, parecía estar apunto de partirle la mandíbula de un puñetazo. Había algo en esa conversación, tanto la verbal como la no verbal, que me estaba perdiendo.
Dex: Si, gracias, ya puedes largarte.
Por qué: Vale, vale, no quiero problemas.
Pero al igual que con el mocoso de antes, esa afirmación era totalmente falsa por la expresión de su rostro.
Por qué: Bueno Hikari, ha sido un placer, Efebo y yo ya nos vamos que veo que estas ocupada.
Efebo saltó de mis brazos hacia los pies de Por qué.
Por qué: Ya nos veremos un día de estos.
Dex: Espero que no.
Tras dedicarle a Dex una sonrisa desafiante Por qué se marchó caminando en dirección contraria pro la que había venido.
Hikari: Que violento eres, Dex.
Dex: Si yo te contara las cosas que ha dicho…
Hikari: ¿Contarme que cosas, Dex?
Dex: Nada, tonterías
Hikari: Tonterías que te han puesto furioso ¿Qué pasa con las gafas?
Dex tragó saliva.
Dex: Nada.
Hikari: Falso.
Dex: Verdadero
Hikari: Nein
Dex: Que si.
Hikari: Error
Dex suspiró.
Dex: No vas a parar ¿Verdad?
Hikari: Negativo
Dex: Genial…
Dex volvió a suspirar. Parecía que no iba a soltar prenda. Quizá con un empujoncito…
Hikari: Quizá por el hecho de que te cambien los ojos de color ¿No?
Dex palideció ante eso. Bien, no estoy loca ni tengo visiones. Al instante le abordó una leve risilla histérica.
Dex: ¿Y eso? Es normal ¿No? ¿A caso no nos cambian a todos los ojos de color por la luz?
Hikari: No de verde a rojo.
Dex jugueteó nervioso con sus gafas.
Dex: ¿Recuerdas que te dije que ciertos rasgo de mi ser me impiden hacer ciertas cosas?
Asentí con la cabeza ansiosa por escuchar su respuesta.
Dex. Bueno, pues esos rasgos que no me permiten ciertas cosas me dan otras.
Hikari: ¿Cómo la variación de color?
Dex: Si, por eso llevo las gafas.
Hikari: ¿Según que cosa cambian?
Dex: Según mi estado de ánimo.
Hikari: ¿Y cuando te cabreas se vuelven rojos?
Dex: Si.
Hikari: ¿Y porqué se te ponen verdes?
Dex sonrió, con los ojos verdes de siempre.
Dex: Se me ponen vedes sobretodo contigo.
Hikari: ¿Por?
Dex: Porque me siento feliz.
Me ruboricé un poco mientras que apartaba la vista de él para mirar a mis zapatos.
Hikari: Vaya… Que guay
Dex: ¿No crees que soy un bicho raro?
Hikari: Pse… Creo que eres un acosador ¿No te vale con eso?
Dex: Me doy por satisfecho si solo piensas eso.
Nos quedamos en silencio un momento, Dex mirándose los cordones y yo contando los coches que pasaban por delante.
Dex: Eres la primera chica que no se va después de decirle esto.
Hikari: ¿Y eso?
Dex: Las otras chicas que he conocido… No me gustaba que me miraran los ojos, para no asustarlas, por eso siempre llevaba las gafas tanto en público como a solas y si me las quitaba era porque estaríamos a oscuras o algo… Pero nadie es perfecto y en un descuido como hoy de no llevarlas puestas pues... Ocurría lo mismo de hoy y simplemente las chicas desaparecían o tenían eternamente el móvil apagado.
Hikari: ¿Edward y los demás lo saben?
Dex: Si, ellos son mi familia, lo saben todo.
Hikari: ¿También cuales son esos rasgos de tu personalidad que te impiden hacer cosas?
Dex: Si
Hikari: ¿Por qué no me lo cuentas? ¿No he pasado la prueba?
Dex me sonrió con ternura mientras que me ponía el flequillo detrás de la oreja.
Dex: Prometo contártelo, pero aún no. Mira, ese es el nuestro.
Se acercaba un autobús desde el final de la calle.
Hikari: Aún no me has dicho a donde vamos.
El autobús paró y abrió sus puertas para recogernos. Dex puso un pié en el autobús y se giró hacia mí con una amplia sonrisa de oreja a oreja.
Dex: Al paraíso.

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