Capítulo 20

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Capítulo 20

Mensaje  Hikari el Mar Feb 16, 2010 8:08 pm

Capítulo 20
En mi gran campo de flores…





El olor a humo me hizo abrir los ojos. Se oían gritos y llantos no muy lejos. La hierba sobre la que estaba tumbada estaba húmeda y fresca, tenía un tacto agradable. El sol más grande y más rojo que nunca he visto de cegaba mientras que brillaba imponente en un cielo púrpura con nubes rosadas. Me senté. Estaba en medio de un campo de hierbas altas, con extrañas flores de diversos colores que parecían estar hechas de papel. Un inmenso mar de color, literalmente, plateado se alzaba ante mis ojos. Me giré con brusquedad cuando algo salpicó la zona situada justo detrás de mí. Una mujer acababa de caer muerta, degollada, a mi lado. Grité, me incorporé de golpe y eché a correr hacia unas casas cercanas. Un camino surcaba el campo en el que había despertado. Siguiendo su trazo con la vista vislumbré un majestuoso castillo. Reduje la marcha de mi carrera mientras que me grababa en la retina cada detalle de su fachada. Entonces algo me golpeó. Era una chica más pequeña que yo, rubia, con el pelo corto a trasquilones. Llevaba puestos unos vaqueros con una camiseta de manga larga a rayas rojas y negras. Le grité. Entonces se giró hacia mí. ..
Era yo.
Yo hace poco.
La misma cara, los mismos ojos, prácticamente el mismo corte de pelo, aunque ella lo tenía más corto. Me miré…Bueno… “ella” me miró sorprendida, aunque luego frunció el ceño y tras sacarme el dedo echó a correr hacia el castillo.
Zorra.
Corrí tras ella gritándom…Gritándole obscenidades. Era bastante más ágil que yo por lo que no le costaba tanto saltar sobre carros o cajas, o de tejado en tejado. Los techos de madera crujían bajo mis pies. Mi “mini yo” saltó desde el tejado, aterrizando en la calle con una perfecta voltereta. La miré desde arriba y ella a mi desde abajo.
Movió los labios, pero de su boca no salió sonido alguno. La miré extrañada, ella simplemente sonrió con malicia y fue en dirección contraria a mí, hacia lo que parecía ser un mercado. Haciendo uso de valor salté del mismo modo que lo había hecho ella, realizando una maniobra casi tan perfecta como la suya.
Tras seguir el mismo camino que ella me encontré en medio de una plaza enorme llena de puestos destrozados. La fruta y los animales, tanto vivos como muertos inundaban el suelo. Me cubrí la cara cuando una gallina se abalanzó sobre mí y me busqué con desesperación. Pero mirara hacia donde mirara reinaba el caos. Era prácticamente imposible encontrarla, al menos desde mi posición. A mi alrededor solo había gente corriendo y gritando. Seguí la misma dirección que la de la multitud. Entonces la vi, un poco más adelante, yo la había visto, pero ella a mi aún no. Fui tras mi imagen. Al principio esquivaba a la gente y los objetos que se interponían e mi camino, pero luego me di cuenta de que lo único que podía tocarme en ese lugar era la silueta que corría delante de mí haciéndose camino
Entonces algo me hizo parar en seco, fue como si me tiraran del cuello de la camisa. Ya había dejado al mercado y a todas esas atolondradas personas muy atrás. Me encontraba frente a una zona residencial calcinada. Todas las casas de madera parecían iguales, sin embargo me paré frente a una. Los restos aún irradiaban calor. Me acerqué y me puse en medio de la ruinas a mis pues yacía el cuerpo sin vida de lo que parecía ser un hombre, cuya carne quemada desprendía un olor repugnante. Me arrodillé junto al cadáver, era como si un aura de odio lo rodeara. Me dio la sensación de que en vida tuvo que hacer algo muy, muy malo a alguien. Entonces oí un crujido tras de mí y por el rabillo del ojo pude distinguir algo de color rojo y negro, sin embargo, cuando me giré para comprobarlo ya no había nada ni nadie, salvo mi imagen mirándome, esperando.
“No te mereces estar aquí”
Vi como movía los labios, pero su voz resonó en mi mente en vez de en mis oídos.
“No te mereces recuperar lo que has perdido”
“¿Qué he perdido?”
Le pregunté.
“A mi”
Tras decir esto salto sobre lo que quedaba de un tejado y se fue hacia el castillo.
Le grité, pero fue inútil. Solo me quedaba hacer lo que había hecho hasta ahora: seguirla, intentando no perderla de vista.
Finalmente llegamos hasta las puertas del castillo. Las atravesamos sin problemas, dado que prácticamente no quedaba nada de ellas. Tras pasar por varias salas de mármol blanco, todas salpicadas por el rojo color de la sangre y el olor a muerte aún latente en ellas que emanaba de los cuerpos diseminados sobre las alfombras, llegamos a unas escaleras al pie de las cuales me paré en seco. Había un pequeño reguero de sangre que descendía lentamente por los escalones hacia mí. Me entró un escalofrío. Había pasado medianamente indiferente frente a las otras escenas, pero esta me hacía revolverme y me ponía la carne de gallina. Me olvidé por completo de en qué tramo de las escaleras podría estar ya mi “clon” y subí las escaleras lentamente. Cuanto más avanzaba más rápido me latía el corazón y más se me aceleraba la respiración. Un escalofrío me recorrió la espalda al ver a dos hombres que yacían sobre las escaleras. Por la pose parecía que se habían dado muerte mutuamente de manera simultánea, con una espada hundida en el pecho cada uno. A mis pies se encontraba un hombre con una gabardina negra y unas vendas azules que le cubrían el rostro dejando ver únicamente, sus ojos de color verde apagado y su boca a parte de unos mechones de pelo de color marrón. El que estaba en un tramo más alto tenía el pelo alborotado, de un bonito color cobrizo. Sus ojos carentes de luz eran de un color marrón verdoso similar a de los míos. Llevaba puesta una especie de túnica o gabardina de color blanca, que ahora lucía un color carmín por ciertas partes. Me temblaron las piernas y se le llenaron los ojos de lágrimas al ver al segundo hombre. Entonces un golpe seco me hizo mirar hacia el final de las escaleras. Miré al hombre una segunda vez con cierta tristeza antes de subir el resto de los escalones. Cuando llegué arriba del todo me encontré a mi imagen revolviendo en una estantería, tirando con violencia todos los libros al suelo.
“¡NO ME SIGAS!”
Me quedé mirándola estática ante su bufido. Continuó con su frenética búsqueda hasta dar un con uno que abrió un pasadizo en la pared. Mi “yo” me lanzó una mirada provocativa y se fue bajando por el oscuro pasillo que había abierto en la pared. Ante mí se extendían unas escaleras maltrechas sumidas en la oscuridad que dejaban ver una zona algo iluminada al final. Bajé las escaleras lentamente y con cuidado de no tropezar y abrirme la cabeza. Al llegar al pie de las escaleras me encontré frente a un amplio pasillo blanco. Cercano a las escaleras había en el suelo un gran charco de sangre. Me estremecía al verlo, pero ahora no podía parar, tenía que encontrarme, ignorar esa agobiante sensación de abandono y de tristeza que se apoderaba de mí a cada paso. Alcé la vista hacia el fondo del pasillo y entonces paré en seco. Le vi, al final de pasillo, su pelo rojo…
“¡Axel!”
Grité con toda la fuerza de mis pulmones y sin embargo no oí mi voz. El se giró hacia mí tras escuchar mi sordo grito y mientras que lo hacía cambió de aspecto. Su cuerpo creció, se modeló, cambió y dejo de ser un crío para convertirse en el ser que es ahora.
“Perdona”
Eso fue lo que sonó en mi cabeza como un débil e inaudible susurro cuando el movió sus finos labios en la distancia.
“¿Axel? ¿Qué es todo esto?”
El pelirrojo esquivó mi mirada. Entonces lentamente lo que estaba a nuestro alrededor se fue desintegrando y nos quedamos en un silencioso abismo oscuro.
“Lo siento, yo… Era lo mejor. Solo quería…Solo quiero protegerte… No te lo tendría que haber ocultado, pero era lo mejor, era la mejor forma de integrarte, de que te sintieras bien con tu nueva situación”
"¿De qué estás hablando?"
Axel entonces retrocedió bruscamente y comenzó a hablar con cierto nerviosismo.
"No te enfades conmigo, no me odies, por favor, solo hice lo que creí que sería mejor para ti."
ME quedé mirándole en silencio, no sabía que hacer, que decirle, solo podía dejarle continuar con su monólogo. Tras una larga pausa el pelirrojo se revolvió el pelo y me miró con seriedad.
“Olvídalo”
“¿El que?”
“Todo… No te olvides…
El pelirrojo tragó saliva y se aclaró la garganta antes de terminar la frase.
“No te olvides de nada, nunca...Yo no soy quien para jugar con tu vida…”
“No eres una buena compañía.”
Axel palideció, yo me giré bruscamente para ver a quién había dicho esa frase.
Detrás de mi se encontraba un hombre sentado en un imponente trono de mármol con una pose un tanto informal apoyando una de sus piernas sobre el reposabrazos. Lucía una corona de oro blanco adornada con zafiros y sostenía un enorme cetro de plata a juego con la corona. Llevaba puesto un uniforme también blanco pero iba prácticamente envuelto por completo en una capa gruesa de terciopelo de color azul clarito. De su cara no pude percibir mucho dado que la escondía tras una máscara blanca de cerámica que le dejaba solo al descubierto la boca.
“No os conviene mucho estar con él, majestad.”
“Déjame terminar, quiero zanjar las cosas.”
“Ya has hecho y dicho suficiente enmarañando las cosas, es hora de que salgas de escena.”
“Espera... Tengo que explicarle…”
“Bye-Bye”
Entonces el pelirrojo se desintegró en millones de esquirlas de cristal que se desvanecieron en el aire. El corazón me latía desbocadamente al compás de mi respiración.
"¿Quién eres y que le has hecho a Axel maldito bastardo?"
Grité de nuevo, con ira, rabia y esta vez mi voz si que se oyó, y resonó fuerte y poderosa, como una onda expansiva que destruye todo lo que hay a su paso. Todo menos al hombre de blanco que seguía en su sitio sin inmutarse. Quise dar un paso hacia él pero estábamos flotando en medio de un vacío negro. Pese a eso su trono parecía estar sobre un superficie firme, al igual que parecía estarlo él cuando se incorporó y avanzó hasta situarse frente a mí.
“Ambas cuestiones son irrelevantes en el tema que nos atañe ahora…”
El hombre desprendía un aura de tranquilidad que me iba envolviendo y mermando la intensidad de mis sentimientos en contra de mi voluntad. Finalmente me serené por completo y me dirigí a él con un tono molestamente más tranquilo.
“¿Esto es real?”
Hizo un leve movimiento con la cabeza que parecía expresar un aire de confusión ante la tajante pregunta.
“No, es un sueño”
Esto lo dijo como si fuera absolutamente obvio, pero yo ya no estaba segura de nada.
“¿Quién eres?”
“Un amigo”
Contestó fugazmente, pero yo me adelanté a formular de nuevo otra pregunta antes de que me cortara. Sus respuestas no eran del todo satisfactorias.
“¿Qué clase de amigo?”
"Eso es irrelevante, lo que de verdad importa es el estropicio que te han hecho a ti. Y eso que al principio Thessla estaba completamente en contra..."
"¿En contra de que?"
"Eso es irrelevante por el momento, me queda poco tiempo antes de que..."
"¡Será irrelevante lo que yo diga que es irrelevante! ¿Quien eres?"
Conseguí finalmente posar mis pies sobre una superficie firme en medio de ese vacío y avanzar amenazante hacia él. El hombre vestido de blanco sonrió. Entonces se llevó la mano hacia la cara y cogió delicadamente con sus pálidos y delgados dedos la máscara que ocultaba su rostro. Lentamente se la fue separando de la cara hasta que se la quitó por completo.

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La aristocracia se viste de terciopelo y llora lágrimas de color carmín en su campo de flores de papel

MIS FALTAS DE JORTOGRAFÍA SON SAGRADAS!!!XD
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